Un lugar de literatura


Sucede que el mundo está desordenado de muchas maneras, de tantas. 


La más molesta forma de caos para mí tiene que ver con la ficción. En mi cabeza hay parejas de libros y lectores perfectas que aún no se han encontrado, ese libro que tiene que leer esa amiga o, al menos, tenerlo en casa para que un feliz día se produzca la casualidad. Hasta que el encuentro no suceda, no se calmará una especie de picor desagradable en un rincón del cerebro al que no llego. 


Desde hace tiempo milito esta posición radical. Recomendarlos no es suficiente, debemos regalarlos con violencia. Acercar el hecho físico de la lectura todo lo que se pueda, pasar las páginas por ellos, meterles en la boca las cucharas con párrafos si hace falta. Haciendo el avioncito. 


Por eso regalé hace unas semanas a Borowski.


Era muy difícil conciliar el sueño, conducir el coche, habitar mi casa mientras Jota no hubiera leído This Way for the Gas, Ladies and Gentlemen. Un escritor y lector de nivel magnetizado por la Segunda Guerra Mundial y una sátira negra de la supervivencia en Auschwitz. Era de verdad insoportable. Dije «¡basta!» y abrí Vinted. Que no se respire miseria. Quedaba un ejemplar y por tres euros más gastos de envío el gato dejó de maullar, la puerta dejó de chirriar, volví a conseguir el punto del arroz y hubo orden en el caos.


Pero este libro no lo suelo recomendar.


Este es el tipo de textos que yo llevaría a un club de lectura de escritores. Exigiría estómagos de acero porque la lectura es muy fuerte. El libro más perturbador quizá de la literatura del Holocausto y es por el narrador. Lo comenté junto a Aurelio Serrano en la conferencia sobre el tabú en la literatura en la parte que dedicamos al humor negro (la lista completa de libros que mencionamos andará en algún post de Instagram). En estos relatos consigue Borowski que el humor subraye la atrocidad, no la minimiza. De verdad es difícil leerlos y no bajar el libro para respirar. Le pedí a Jota que me avisara si en algún momento durante la lectura pensaba «me cago en mi puta vida». Van tres veces. 


Pero This Way for the Gas, Ladies and Gentlemen es mi ejemplo favorito para analizar la posición del personaje respecto de su propia historia. Para escribir entiendo que primero debemos elegir dónde colocar la silla, elegir el lugar desde el que narrar. Si se toma la mejor decisión en esto, el libro nace de parto natural. En este caso Borowski eligió el desplazamiento de la tragedia y es interesante ver cómo eso desordena la posición del yo y crea un lugar de literatura. 


No puede haber personaje si no ocupa un lugar de literatura.


Tenía pleno derecho a contar el Holocausto como víctima, otros, muchos, lo narraron, Primo Levi lo hizo, y sus libros son desoladores igual. Sin embargo, Borowski colocó la banqueta (la imagino como la banqueta de Glenn Gould) fuera del centro, lejos del epicentro que tenía asignado y ahí apareció otro libro. Eligió hablar del campo desde la indiferencia, es un narrador anestesiado que se limita a relatar la ironía macabra que vive, no busca el chiste, se lo dieron. 


Del mismo modo que para hacer fotografía hay que tener buenas rodillas y suele requerir agacharse para cambiar el ángulo y buscar la composición que, aunque esté delante, no he sido capaz de ver, aquí ocurre algo similar. Hay que moverse del puesto de guardia natural que nos asignan el cuerpo o la sociedad. A nadie le interesa lo que puede ver por sí mismo. En narrativa también: no me cuentes lo que espero, coloca al personaje en un lugar de literatura que no preveo. De lo contrario, el libro podría haberlo escrito yo y los libros que podría haber escrito yo no me interesan en absoluto. 


Los relatos de Borowski sobre Auschwitz eran relatos que no había leído antes. En realidad es ya casi un medio reto encontrar libros que una no haya leído antes. Cuando abrí el libro, no imaginaba leer cómo un grupo de judíos intenta comerse los cerebros de unos fusilados rusos porque les habían dejado sin cenar. Y medio sentir nauseas por quién lo estaba contando y el tono de sarcasmo absoluto que venía utilizando. No bromeo cuando digo que quizá este sea el libro más fuerte que ha pasado por mis manos. Va más allá del gore, es mucho peor. Deja un mal cuerpo moral que dura meses, años. Pero todo fue porque el narrador ocupó un lugar de literatura, el más salvaje que he visto. De verdad no lo leáis, no lo recomiendo. Tampoco busquéis cómo murió.


De todo esto hablé haciendo círculos en la mesa de mi bar favorito de Ópera, mientras recordaba la imagen del soldado nazi señalando con el dedo el camino a la cámara de gas que aparece en la cubierta del ejemplar que compré por $1 en Boston. Pero estaba en paz, quizá por haber puesto algo de orden en el caos literario que domina el mundo, quizá por los tres vasos de vermut.


[Esta entrada del blog ha costado un total de 3,89€ más gastos de envío.]

Comments

Post a Comment

Popular Posts